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Ángel González
Ángel González nació en Oviedo el 3 de septiembre de 1925. Su infancia se vio fuertemente marcada por la muerte de su padre, fallecido cuando Ángel González apenas contaba con dieciocho meses de edad. La degeneración del seno familiar continuó durante la Guerra Civil Española, donde su hermano Manuel fue asesinado por el bando franquista en 1936. Posteriormente su hermano Pedro se exiliaría durante el mismo proceso.
En 1943 enferma de tuberculosis, por lo que inicia un lento proceso de recuperación en Páramo del Sil, tiempo que fue fundamental en sus hábitos de lectura. Tras tres años, decide estudiar derecho en la Universidad de Oviedo. En 1950 comienza a estudiar periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid.
Su experiencia como hijo de la guerra será plasmada en Áspero mundo (1956), su primera publicación y con la que obtendría un accésit del Premio Adonais. Tras la publicación de su segundo libro, Sin esperanza, con convencimiento (1961), Ángel González pasó a formar parte del grupo de poetas conocido como Generación de los 50 o Generación de medio siglo. En 1962 es premiado en Colliure con el Premio Antonio Machado por la publicación de su libro Grado elemental. El año 1970 es invitado a dar conferencias a la Universidad de Nuevo México en Albuquerque. Posteriormente sería invitado como profesor durante un semestre. En 1973 pasa por las Universidades de Utah, Maryland y Texas bajo la misma condición, regresando en 1974 a la Universidad de Nuevo México como profesor de Literatura Española Contemporánea.
En 1985 le conceden el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1991 el Premio Internacional Salerno de Poesía. En enero de 1996 fue elegido miembro de la Real Academia Española. El mismo año además obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En 1992 cesa de sus funciones como profesor. En 2001 obtiene el Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras. En 2004 se convierte en el primer ganador del Premio de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca. Recientemente el cantautor Pedro Guerra ha versionado musicalmente algunos de sus textos. Su vida transcurre entre Nuevo México y España.
Su producción se compone de los siguientes libros:
Áspero mundo, M., Col. Adonais, 1956.
Sin esperanza, con convencimiento, B., Colliure, 1961.
Grado elemental, París, Ruedo Ibérico, 1962 (Premio Antonio Machado).
Palabra sobre palabra, M., Poesía para todos, 1965, 1972 y 1977.
Tratado de urbanismo, B., Col. El Bardo, 1967.
Breves acotaciones para una biografía, Las Palmas de Gran Canaria, Inventarios provisionales, 1971.
Procedimientos narrativos, Santander, La isla de los ratones, 1972.
Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, M., Turner, 1977.
Prosemas o menos, 1984.
Deixis en fantasma, M., Hiperión, 1992.
101 + 19 = 120 poemas, 1999.
Otoños y otras luces, B., Tusquets, 2001.
Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 1994 (obra completa hasta 1992, por donde cito los textos de sus libros anteriores)
5. El tema del tiempo en Ángel González
Si el tema del tiempo es importante en la Generación de los 50, en la poesía de Ángel González alcanza una de las expresiones más sobresalientes a causa de las peculiaridades de la poesía del autor. Dentro de la variedad de su poesía, uno de los principales temas es, en efecto, el tiempo, pero no como ente metafísico, sino vinculado con el yo desde el sentimiento de la soledad y el sentimiento de la nostalgia, es decir, una conciencia de los estragos que causa el paso del tiempo [7]. El tono es muy variado, pasa desde la seriedad existencial a la frivolidad, el humor, el sarcasmo, la desdramatización y la ironía, siempre como formas de aproximarse críticamente a la realidad. Lo singular en la poesía de Ángel González es que ese paso se hace no sólo en el mismo libro sino también en el mismo poema, en una dirección o en otra, zarandeando la percepción del lector y, por supuesto, sorprendiéndole.
El propio autor en una entrevista reconoce su obsesión personal con el paso del tiempo, añadiendo, con el desenfado que le caracteriza, que es un tema que se va agravando justamente con su paso [8]. Por ello, en sus últimas obras predomina el tono elegiaco.
Desde su primer poema en Áspero mundo (“Para que yo me llame Ángel Gónzález”) [9] hasta su último libro, Otoño y otras luces, su poesía, trate el tema que trate, está transida de temporalidad, pues el poeta analiza los hechos desde varios puntos del tiempo: el del momento vivido o narrado y desde el momento de la escritura, donde el hecho se vuelve palabra. Recordemos que ya en su primer poema el sujeto lírico se presenta, con su nombre propio, como un ser insignificante que no es otra cosa que el resultado azaroso de una serie de casualidades y arbitrios producidos a través del tiempo por generaciones y generaciones de antepasados que jamás pensaron en la existencia de Ángel González. Y en Otoño y otras luces (en el otoño de su vida) el poeta se instala en el lugar de la reflexión sobre lo vivido enfocando con la luz del recuerdo algunos momentos de su existencia. En este caso la memoria viene a sumarse al complejo de tiempos que convergen en la poesía del autor, pues, como es sabido, la memoria es capaz de tergiversar los hechos vividos olvidándolos, transformándolos o distorsionándolos incluso contra la voluntad del sujeto. Pero la principal función de la memoria es crear; la memoria en esta generación y, en concreto, en Ángel González, es una actividad creadora, capaz de dar un sentido global y unitario a lo que no lo tuvo, probablemente a causa de una necesidad o debilidad humana. Por último, cabe añadir sobre este tema que, al sentir el poeta los engaños de la memoria, deja de relatar los hechos para analizar -mediante la metapoesía- los propios mecanismos ficcionales de la memoria, lo cual incorpora un plano más en la reflexión.
Estos cruces temporales no sólo se reflejan con una gran riqueza en los tiempos verbales, sino también, como dijimos antes, con una gran versatilidad en la correlación de la temporalidad verbal, especialmente cuando aparecen las condicionales, las hipótesis reales o irreales, posibles e imposibles, cuando se reflexiona sobre la propia identidad en el transcurso del tiempo o en la relación con otras personas. En el punto temporal del poema se produce una intersección donde convergen el relato de los hechos, lo que pudo haber pasado, las consecuencias, el momento de la escritura, etc.
La perspectiva, la ironía, la meditación, la nostalgia, la crítica y la conciencia personal de ser un ente transitorio intervienen en una concepción del tiempo muy compleja que, evidentemente, tiene su reflejo en una riqueza en la temporalidad verbal que relaciona a Ángel González con una tradición de poetas muy preocupados por el devenir del tiempo como Francisco de Quevedo en el siglo XVII, como Jorge Luis Borges o como el mismo Jaime Gil de Biedma dentro de su generación.
Correlaciones del presente en la poesía de Ángel González
Irene Sánchez Carrón*
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